Introducción al arte actual, por Juan Calzadilla

INTRODUCCIÓN AL ARTE ACTUAL

Juan Calzadilla

Venezuela  está pasando actualmente, en materia cultural, por unas  circunstancias muy afortunadas,  tanto para el aprendizaje  del arte como para practicarlo. Y la capital, Caracas, ocupa a este respecto una posición privilegiada.

Contamos  aquí con un número importante de  museos activos, con instituciones educativas, salones, salas, premios, arte público. Las artes tradicionales y los lenguajes convencionales encuentran espacios que estimulan a ejercer este derecho en los artistas de obra consagrada y en quienes elijan estas modalidades.  En arte se ha implantado una filosofía pluralista, amplia, hasta un grado libertario, que atiende a satisfacer las necesidades de los artistas. La revolución garantiza a éstos libertad absoluta, y lo exime de presiones y compromisos, como no sea  con el derecho de expresarse del modo que a cada quien le parezca. Por todas partes, en las regiones y en las capitales,  se llama a intervenir  en certámenes y se convoca a competir por premios  y distinciones,  sobre bases libérrimas  y en muchas disciplinas. Una de las libertades de que disfrutamos consiste en que la gente nuestra puede hacer arte sin haber pasado por academias, escuelas o exámenes y junto a esto se le reconoce el derecho a  exhibirlo, en recintos cerrados, o en la calle y en las comunidades.  Pero también puede recibir, no importa a qué edad,  entrenamiento  gratuito en instituciones que  van adquiriendo perfil  académico como es el caso de nuestra Universidad de las artes, antiguamente conocida como  Instituto Armando Reverón. Por otra parte, a diferencia de lo que pasaba en otras épocas, no existen en el país tendencias hegemónicas ni el Estado apoya a un tipo especial de arte, dado que la orientación que sigue para la función del arte no se orienta a producir obras para el mercado ni a exaltar protagonismos e individualismos.

Afortunadamente no tenemos vanguardias, en el sentido de lenguajes que se contraponen, chocan y generan rupturas caprichosas y obedientes a las modas, sino que más bien lo que prima es una suerte de posmodernidad  abierta, de signo democrático y gracias a la cual los artistas emergentes toman las calles, hacen muralismo  social o ecológico o histórico, funden los lenguajes, trabajan en equipos multidisciplinarios y combinan diversos lenguajes,  etc. De tal modo que lo que entendemos por arte se refiere más a los procesos y a la  libertad con que lo asumimos que a un producto refinado o exquisito, atendiendo a la idea de que el artista no  es un tipo especial de individuo, sino que cada individuo es un tipo especial de artista. Se trata de que el receptor de la obra de obra se convierta a  su vez en gestor de ella como conviene a la sociedad igualitaria que se busca.

Aquí se enseñan y cultivan los llamados géneros tradicionales, la pintura la escultura el grabado, la fotografía, las artes aplicadas, etc. sin imponerle al cultor  que se consagre a una sola disciplina en particular, puesto que lo que se ve como más frecuencia entre nosotros es que los artistas en formación adquieran destrezas múltiples que luego fusionan  y aplican a proyectos ambiciosos que en muchos casos reciben apoyo de las instituciones.

Como podrán  ver, Caracas es una ciudad inquieta y alegre. Es  la ciudad del graffiti de calle, una clase de arte anónimo hecho  por colectivos que trabajan de noche y han atiborrado nuestra ciudad de gran diversidad  de imágenes, en buena proporción aborrecibles, pero también  dejando magníficas muestras de ingenio, por todas partes. Lo importante es que se trata de una actividad marginal que la revolución  no persigue  pues vivimos en un estado  donde considerarse artista es un gesto de convivencia y una decisión personal que nadie pone en duda.  En este sentido somos los más duchampescos de todo el hemiferio Sur, dado que el hecho de considerar obra de arte lo que hacemos  priva sobre la opinión que otros tengan de nuestro desempeño en esto o en aquello.  Por otra parte, se practica en Venezuela un gran respeto  por los artistas tradicionales,  vivos o fallecidos, y de hecho son muchos los artistas consagrados que  han continuado la producción de sus obras, ya en Caracas, o en las regiones. Se les rinde homenajes y consagran museos no importa cual sea

El tipo de  arte en que destacaron o su filiación ideológica.

En las capitales de estados y en esta Caracas se ha establecido una red de salas de arte en la que continuamente se exhibe la producción de nuestros artistas noveles o veteranos, figurativos, abstractos o populares, no importan los rangos y clasificaciones. Y también se busca con esto procurarles beneficio con la venta de sus obras.  Otra función importante de esta red consiste en ofrecerles a los creadores materiales y herramientas de trabajo a bajo costo.  En nuestro país el sistema de medios privados es mayormente comercial y ha sido línea editorial de ellos prestar  muy poca atención a los artistas e intelectuales  al punto de que es sumamente escasa, por no decir que nula,  la crítica u opinión sobre arte y literatura que se difunde a través del  aparato mediático. Para contrarrestar esta carencia el Estado edita varias publicaciones  periódicas especializadas en arte, mantiene en la televisión espacios de referencia a los artistas y artesanos y edita con generosidad libros consagrados a la difusión de las artes,  tanto de autores nacionales como extranjeros, sobre cualquier materia que garantice que con ello se contribuye a la actualización del conocimiento.

 

El arte durante el siglo XIX, por Juan Calzadilla
La tradición moderna del paisaje y el círculo de Bellas Artes, por Juan Calzadilla
Publicado en Puntos de vista.

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